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Ver productosLa cooperación interuniversitaria como factor estratégico para alcanzar el éxito

4 de marzo de 2026 - 17min.
Avance
La transformación digital de las universidades españolas constituye un ambicioso y complejo proceso cuya punta de lanza son cuatro tecnologías disruptivas. En primer lugar, la inteligencia artificial, que transforma los procesos de aprendizaje y de gestión, convirtiéndose en una competencia transversal necesaria para la empleabilidad de los egresados. En segundo término, la analítica de datos, que proporciona una ventaja competitiva para ajustar con precisión la oferta académica y la demanda laboral, al detectar las necesidades de formación a lo largo de la vida. La certificación digital y las microcredenciales, en tercer lugar, modernizan la gestión académica y contribuyen a una educación más flexible, internacionalizada y alineada con las necesidades del mercado laboral global. Y, finalmente, con la aplicación en los campus de tecnologías digitales, la universidad va a tener un rol de referencia en sostenibilidad energética y medioambiental. Pero más allá de incorporar herramientas imprescindibles, la universidad debe alcanzar la llamada «madurez digital», lo cual exige redefinir la organización de todo el sistema, mediante una planificación estratégica y una inversión financiera significativa y sostenida. Y afrontar y resolver tres retos: la falta de formación digital suficiente, los riesgos asociados con la ciberseguridad y la natural resistencia al cambio. Es la única forma de aprovechar la revolución tecnológica para reforzar el papel de liderazgo de la universidad en la generación del conocimiento y su impacto en la sociedad.
La transformación digital no puede abordarse por cada centro educativo de forma aislada, sino de manera coordinada por el conjunto del sistema universitario, dado el alto nivel de exigencia técnica, envergadura financiera y complejidad organizativa que requiere. Y en un modelo mayoritariamente descentralizado como el español —con competencias y financiación transferidas a las comunidades autónomas—, la herramienta imprescindible es la sectorial CRUE Digitalización. Ya demostró esa capacidad cuando, en tiempo récord, puso en práctica medidas de carácter sistémico durante la pandemia, facilitando la distribución de fondos extraordinarios e implementando mecanismos de evaluación no presencial. Y ahora, ante la revolución tecnológica, juega un papel clave.
ArtÍculo
En la sociedad global actual, significativamente marcada por la innovación tecnológica digital y los cambios constantes y acelerados, las universidades españolas deben ser capaces de afrontar el desafío de transformarse para retener el papel de liderazgo que ahora ejercen en la generación, transmisión y gestión del conocimiento, ingrediente fundamental en la fórmula del progreso de nuestra sociedad. Esta necesidad de transformación está estrechamente imbricada con los profundos cambios que la denominada revolución digital está incorporando en todos los ámbitos de la vida, de manera que no se trata únicamente del uso generalizado de tecnologías digitales, sino de una auténtica mutación del modelo social, que está modificando las formas en que nos relacionamos, trabajamos, aprendemos y, en definitiva, la manera en que vivimos.
En este nuevo escenario universitario, las expectativas académicas, laborales y vitales de las nuevas generaciones de estudiantes, de docentes e investigadores y de personal técnico y de gestión, y, también, de los propios empleadores, están igualmente cambiando de manera sustancial. Para darles una respuesta satisfactoria, el Sistema Universitario Español (SUE) está obligado a acometer una redefinición profunda de su paradigma de modelo institucional, que exige la incorporación de las tecnologías digitales como uno de sus componentes estratégicos esenciales.
No hacerlo conlleva el riesgo de que otros actores sociales ocupen el espacio que tradicionalmente ha correspondido a las instituciones de educación superior, como uno de los protagonistas fundamentales del progreso social.
Este proceso gradual de transformación digital, que ya estaba en marcha —como evidencian los Informes UNIVERSITIC1, elaborados por CRUE Digitalización desde 2006—, se aceleró de forma drástica e inesperada con la irrupción de la pandemia de la covid-19, obligando a las universidades españolas a adaptar de manera repentina toda su actividad académica a un entorno exclusivamente digital. No obstante, esta explosiva conversión a lo digital también generó alguna confusión conceptual dentro de las propias comunidades universitarias, al extenderse una visión simplista y equivocada que identifica la transformación digital en la universidad y, por consiguiente, en la universidad digital, casi exclusivamente con la enseñanza en línea o incluso con la evolución hacia una universidad estrictamente no presencial. Sin embargo, la transformación digital en el ámbito universitario no equivale únicamente a la adopción masiva de plataformas de e-learning o a la renovación de infraestructuras tecnológicas; el verdadero desafío consiste en redefinir el modelo de organización del sistema universitario para adaptarlo a los nuevos parámetros y demandas de la sociedad y en la propia evolución de la cultura institucional de las universidades en la que se debe sustentar ese cambio. Una apuesta decidida por parte de las instituciones universitarias, que deben entenderla correctamente y ser conscientes de la magnitud y alcance de esta transformación, es una condición sine qua non para abordarla con éxito. No debe ser este un enfoque reactivo ni desordenado, sino que debe planificarse estratégicamente, estableciendo de manera precisa los objetivos y las herramientas para alcanzarlos.
En este contexto, la cooperación y las alianzas entre universidades se convierten en factores muy valiosos e ineludibles para avanzar hacia la denominada madurez digital de nuestro sistema universitario, entendida, de acuerdo con la definición de Kane, (Kane, 2017)2, como la «capacidad del sistema para responder a los cambios del entorno de manera apropiada».
El proceso de incorporación de tecnologías digitales en la actividad universitaria ha ido evolucionando a lo largo de las últimas décadas. En este sentido, es necesario distinguir entre el concepto de digitalización y el de transformación digital. La digitalización se asocia con la automatización de procesos administrativos ya existentes y con el soporte tecnológico a las actividades académicas tradicionales: la sustitución del papel por formularios digitales, los sistemas de matrícula en línea o los servicios electrónicos para la gestión académica y administrativa, la denominada administración electrónica, sirven como ejemplos, ya ampliamente incorporados en nuestras universidades. Estas acciones mejoran la eficiencia de los procesos, pero no alteran sustancialmente el modelo organizativo.
En cambio, la transformación digital implica una reforma del paradigma de organización institucional, de la manera en la que la universidad genera y aporta valor a la sociedad a través de la gestión del conocimiento. Supone aprovechar el potencial disruptivo de tecnologías emergentes —como la inteligencia artificial, la analítica de datos o la computación en la nube— para crear nuevos procesos y servicios académicos, administrativos y de gestión que transforman radicalmente los modelos de relación de las universidades con sus grupos de interés, tanto internos como externos. En definitiva, supone rediseñar las formas de enseñar, de aprender, de investigar y de gestionar en la universidad.
Para abordar esta transformación, la planificación estratégica debe constituir una herramienta imprescindible para el futuro del SUE. Aunque este concepto no cuenta todavía con una amplia aceptación entre los miembros de la comunidad universitaria —que suelen asociarlo al ámbito empresarial y no al académico—, esta percepción debe superarse. En un entorno tan cambiante y exigente como es en el que operan nuestras universidades, las herramientas de gestión y planificación estratégica han de incorporarse sin reservas a los procesos de liderazgo y toma de decisiones.
En este sentido, los planes estratégicos de cada universidad —y del sistema universitario en su totalidad— constituyen el espacio idóneo para integrar de manera eficaz el enorme potencial de cambio que ofrecen las tecnologías digitales. Estas no deben considerarse ya como simples herramientas de soporte de las actividades, sino como elementos disruptivos capaces de traccionar y acelerar la evolución de la estructura organizativa universitaria.
La esencia de la transformación digital radica en incorporar de forma natural estas tecnologías en la definición de los objetivos institucionales y en el diseño de los medios para alcanzarlos. Su función no es sustituir las misiones fundamentales de la universidad —docencia, investigación y transferencia y extensión universitaria—, que permanecen inalterables, sino transformar la manera en que se llevan a cabo.
Además de las motivaciones estratégicas mencionadas previamente, el principal factor impulsor de este proceso de transformación digital reside en el enorme potencial que ofrece la incorporación de tecnologías en todos los ámbitos de la actividad universitaria. Entre las posibilidades más relevantes se pueden destacar las siguientes:
– Incorporación de la inteligencia artificial
El factor más inmediato, y probablemente el más determinante, es el papel que la inteligencia artificial (IA) desempeñará en el futuro paradigma universitario. Considerarla exclusivamente como una amenaza para el mundo académico constituye un error estratégico imperdonable. Es cierto que su integración modificará de manera sustancial los pilares de las metodologías docentes y de evaluación a las que hemos estado habituados durante décadas; sin embargo, resulta imprescindible asumir con visión y valentía el reto de transformarlos. Pretender abordar los desafíos futuros con el prisma del pasado conduciría irremediablemente a la obsolescencia. En consecuencia, la IA debe entenderse como una oportunidad estratégica de enorme potencial transformador, capaz de aportar valor a todos los procesos y actividades universitarias y de convertirse en una competencia transversal, ampliamente demandada por el mercado laboral y necesaria para la empleabilidad de nuestros egresados.
En este sentido, el verdadero riesgo no es incorporarla a la estrategia académica, sino ignorar sus posibilidades. Formar al estudiantado en un uso crítico, ético y responsable de estas herramientas constituye hoy una exigencia del entorno productivo y una responsabilidad institucional, especialmente si se aspira a mantener la relevancia del sistema universitario español en la sociedad digital.
– Uso de analítica de datos
La incorporación de herramientas de analítica de datos para la denominada toma de decisiones informada representa otro cambio ineludible que debe integrarse en la gestión universitaria. La valiosa información generada por dichas herramientas permite a los órganos de gobierno orientar adecuadamente sus decisiones estratégicas. Conocer las necesidades de formación a lo largo de la vida, así como las demandas emergentes de nuevo conocimiento por parte de la sociedad, constituye una ventaja competitiva para ajustar de manera ágil y precisa la oferta académica. Currículos personalizados, reducción de tasas de abandono mediante el uso de herramientas de learning analytics y anticipación de perfiles profesionales emergentes son solo algunos de los ejemplos que suponen nuevas oportunidades para responder con eficacia a las expectativas sociales.
– Certificación y acreditación digitales de competencias
Otro aspecto clave que evolucionará de forma notable en los próximos años es el modelo de certificación digital de los títulos oficiales expedidos por las universidades y de las competencias que estos acrediten, junto con la incorporación de microcredenciales al catálogo formativo. La fiabilidad y verificabilidad de estas acreditaciones no es un asunto menor, y tecnologías como el blockchain están siendo exploradas como solución para garantizar su autenticidad y trazabilidad. Este cambio en la certificación de competencias trasciende lo puramente tecnológico, ya que abre la puerta a la personalización y adaptación de los currículos y facilita la movilidad de egresados entre distintos países, promoviendo un reconocimiento más ágil y transparente de los conocimientos adquiridos. En este sentido, la certificación digital y las microcredenciales no solo modernizan la gestión académica, sino que también contribuyen a una educación más flexible, internacionalizada y alineada con las demandas del mercado laboral global.
– Campus inteligentes y sostenibles
Las universidades, como instituciones formadoras de generaciones futuras y de líderes sociales, deben asumir un rol de referencia en el ámbito de la sostenibilidad energética y medioambiental. La aplicación en los campus de tecnologías digitales, sensores inteligentes y soluciones IoT [internet de las cosas] permite disponer de información detallada sobre múltiples variables operativas, con el objetivo de optimizar el consumo energético, reducir costes y favorecer la incorporación de fuentes de energía renovables.
Pero el proceso de transformación digital no está exento de dificultades y resistencias estructurales, que deben gestionarse adecuadamente y que se pueden identificar a partir de un diagnóstico de la situación en el SUE. Entre estas, cabe destacar las siguientes:
– Necesidad de formación en competencias digitales para los equipos de gobierno y los colectivos de PDI, PTGAS y estudiantado.
Es un error frecuente asumir que, debido a que las nuevas generaciones que conviven en nuestras universidades son actualmente nativas digitales, no se requiere una formación especializada para el uso y aprovechamiento de estas tecnologías con fines docentes y de aprendizaje. Por el contrario, resulta imprescindible realizar un esfuerzo significativo para ofrecer a toda la comunidad universitaria una formación personalizada, adaptada al nivel competencial de cada perfil, que facilite una inmersión gradual, profesionalizada y ordenada en el conocimiento y uso de estas herramientas.
De igual modo, es fundamental emprender procesos formativos dirigidos a los equipos de gobierno y a los responsables académicos, con el fin de garantizar que sean plenamente conscientes del impacto estratégico de la transformación digital, de las oportunidades que ofrece para la innovación institucional y de los riesgos asociados a su implementación.
– Necesidad de inversión financiera
Es evidente que un proceso de transformación de esta envergadura exige un plan de inversiones muy significativo, no solo destinado a evaluar e incorporar nuevas tecnologías, sino también a asegurar el mantenimiento y la actualización periódica de los sistemas. Esta inversión debe cubrir tanto la adquisición de equipamiento como la financiación recurrente necesaria para la contratación de personal técnico cualificado que proporcione soporte especializado.
El coste asociado a la transformación digital es considerable, por lo que los responsables universitarios deben ser plenamente conscientes de esta realidad al definir sus prioridades estratégicas. Solo mediante una planificación financiera adecuada será posible garantizar la sostenibilidad de los proyectos, evitar obsolescencia tecnológica y responder de manera eficiente a las demandas de un en-torno académico en constante evolución.
– Ciberseguridad y políticas de protección de datos
Los ataques informáticos, cada vez más frecuentes y sofisticados, constituyen sin duda una de las principales amenazas —si no la más grave— en el proceso de transición digital de cualquier institución. El análisis de los efectos devastadores que han provocado algunos de estos ataques recientes en universidades del SUE genera una legítima sensación de vulnerabilidad que debe abordarse mediante la implementación de los medios técnicos adecuados y la contratación de personal especializado, con el fin de minimizar los riesgos y garantizar la continuidad operativa. Determinados ciberataques pueden comprometer no solo servicios esenciales, sino incluso la viabilidad de la institución afectada.
Por otro lado, las restricciones derivadas de la legislación vigente en materia de privacidad y protección de datos deben considerarse cuidadosamente en el uso de herramientas de analítica de datos para la toma de decisiones. El cumplimiento normativo, junto con políticas internas claras y mecanismos de control, resulta imprescindible para preservar la confianza institucional y asegurar un tratamiento responsable y ético de la información académica y administrativa.
– Resistencia al cambio
La resistencia al cambio es una característica intrínseca al comportamiento humano y debe superarse mediante acciones orientadas a la formación, la comunicación y la motivación de los miembros de la comunidad universitaria. La transformación digital no solo requiere un esfuerzo institucional, sino también un importante compromiso individual por parte de todos los agentes implicados.
Es fundamental explicar y justificar de forma clara la necesidad de este proceso, así como comunicar sus beneficios tangibles y evidenciar los riesgos asociados a no abordarlo. Una estrategia de sensibilización progresiva, basada en la transparencia y el reconocimiento de buenas prácticas, contribuirá a disminuir la inercia inicial y a promover una cultura organizativa abierta a la innovación.
De lo expuesto anteriormente se deduce la magnitud y complejidad del proceso de transformación necesario para alcanzar una universidad digitalmente madura. Afrontarlo de manera individual y aislada por parte de una institución —por grande y consolidada que sea— resulta claramente inviable. No solo por la dimensión de los recursos humanos y financieros que requiere, sino también por la necesidad de adoptar enfoques holísticos y transversales. En este contexto, la cooperación entre universidades se convierte en un requisito indispensable.
Como consecuencia de lo anterior, la transformación digital debe entenderse como un reto sistémico para el conjunto del SUE, y no como la simple agregación de desafíos independientes abordados por cada institución de manera aislada.
La colaboración interuniversitaria en materia de transformación digital puede contribuir de forma decisiva a superar algunos de los retos y obstáculos identificados previamente. En España, el modelo de la CRUE constituye el instrumento más adecuado para articular esta cooperación, favoreciendo la coordinación, el intercambio de experiencias y la generación de sinergias.
En un modelo universitario mayoritariamente descentralizado —con competencias y financiación transferidas a las comunidades autónomas—, la existencia de la sectorial CRUE Digitalización constituye una herramienta de valor incalculable para impulsar este proceso. Su capacidad de coordinación, estandarización y cooperación ha servido, además, como referencia para iniciativas internacionales, como MetaRed TIC3, proyecto impulsado por Santander Universidades, que busca exportar el modelo de CRUE Digitalización al ámbito iberoamericano.
El papel de la sectorial CRUE Digitalización es estratégico e imprescindible en el proceso de transformación digital del SUE. Por un lado, permite tomar decisiones de alcance sistémico para el SUE, lo que resultó crítico durante la pandemia de covid-19 en 2020, facilitando la distribución entre universidades de fondos extraordinarios, la implementación de mecanismos de evaluación no presencial y la realización de pruebas de estrés de las plataformas de e-learning ante demandas de uso sin precedentes, todo ello fundamental para afrontar el reto tecnológico que supuso dar en solo algunas semanas un giro de 180 grados a toda la actividad universitaria.
Por otro lado, la sectorial funciona como foro de compartición de buenas prácticas y casos de éxito o fracaso, así como referente formativo para responsables técnicos y políticos de las universidades que conforman el SUE. La diversidad de opciones tecnológicas elegibles —muchas de ellas en la vanguardia de la innovación—, junto con la amplia variedad de aplicaciones y procesos creativos tanto en la docencia como en la investigación y la gestión, hacen que la colaboración entre instituciones sea un factor coadyuvante para la toma de decisiones informada. Ninguna universidad, por sí sola, puede asumir con solvencia el análisis, evaluación, implantación y mantenimiento de todo este ecosistema tecnológico.
CRUE Digitalización también ejerce el papel clave de interlocutor único entre el SUE y las instituciones estatales en temas relacionados con las tecnologías digitales: ministerios con competencias en universidades y ciencia, organismos públicos responsables de redes de comunicaciones e interoperabilidad de los sistemas, INCIBE (Instituto Nacional de Ciberseguridad, responsable de la seguridad informática), etc. Finalmente, la capacidad de esta sectorial para identificar y acometer proyectos de carácter colaborativo entre varias universidades permite abordar iniciativas de dimensiones que superan claramente las capacidades de una universidad de manera individual. Los siguientes ejemplos4 sirven para ilustrar esta afirmación:
Más allá de su labor permanente, CRUE Digitalización desempeñó, como ya se ha mencionado, un papel decisivo durante la crisis de la covid-19. La sectorial gestionó y coordinó numerosas iniciativas que evitaron, literalmente, el colapso operativo del sistema universitario y la consecuente pérdida del curso académico para el estudiantado. A raíz de esta situación, el entonces Ministerio de Universidades lanzó el Plan UNIDIGITAL, que puso a disposición de las universidades públicas españolas 76,85 millones de euros como subvención directa, destinados mayoritariamente a proyectos colaborativos entre un mínimo de tres universidades, y 50 millones de euros más a través de RedIRIS. La madurez y experiencia de la sectorial fueron determinantes para la gestión eficaz de estos fondos, permitiendo diseñar, seleccionar y ejecutar los proyectos en tiempo récord, cumpliendo así con los requisitos establecidos por la UE dentro del marco del programa Next Generation EU.
Este proyecto de colaboración entre las sectoriales CRUE-Digitalización y CRUE-Docencia, que cuenta con el apoyo del Joint Research Centre (JRC), de la Comisión Europea, se desarrolla en el ámbito de todo el SUE y sus objetivos principales son, en primer lugar, evaluar las competencias digitales del profesorado universitario en España, basándose en el marco europeo DigCompEdu, a través de la realización de una macroencuesta para que el profesorado pueda autoevaluarse y para que las universidades conozcan su situación actual en competencia digital. En segundo lugar, formar al profesorado, desarrollando material online adaptado al marco DigCompEdu y al Marco de Referencia para la Competencia Digital Docente Español (MRCDD). Y, finalmente, la propuesta de un modelo de referencia de certificación de competencias digitales que permita su acreditación en el ámbito europeo.
Este proyecto, en el que participan activamente más de sesenta universidades españolas y que cuenta con la aportación de Santander Universidades, ha servido para desarrollar una aplicación móvil que ofrece, en un único punto centralizado, servicios personalizados a estudiantado, profesorado y personal de administración de las universidades españolas. La plataforma permite a cada universidad personalizar su aplicación con su marca y funcionalidades específicas, seleccionadas de un catálogo con más de 110 opciones, integrando servicios como el carné universitario, el calendario académico, las calificaciones, la mensajería y las noticias de la universidad. Esta aplicación facilita un nuevo modelo de comunicación instantánea y personalizada entre la universidad y todos sus colectivos a través de dispositivos móviles.
Este proyecto surge como una iniciativa de CRUE Digitalización para crear las bases de un nuevo modelo de colaboración entre universidades para el desarrollo de sus sistemas de gestión de la investigación que permita la explotación conjunta de información de investigación de todas ellas, apostando así por una total transparencia en la gestión universitaria. La implantación de este sistema en las universidades aportaría, entre otros beneficios, la posibilidad de unificar los criterios para la obtención de información, ofreciendo mayores garantías de una adecuada interpretación de la misma y, con ello, la exactitud de los indicadores obtenidos.
BLUE es el acrónimo de la red Blockchain para Universidades Españolas, una iniciativa para explorar y aplicar la tecnología blockchain en el ámbito universitario. Su objetivo es aprovechar el potencial de esta tecnología para servicios como la emisión de títulos y expedientes académicos y otros casos de uso, como por ejemplo la certificación de microcredenciales, creando una infraestructura colaborativa y de código abierto.
Conclusiones
En este artículo se ha pretendido subrayar cómo la transformación digital de las universidades españolas constituye un proceso complejo, estructural y continuado, que no puede abordarse únicamente mediante la incorporación puntual de tecnologías ni desde una perspectiva individual por parte de cada institución. Por el contrario, exige una redefinición organizativa y cultural del SUE, sustentada en una planificación estratégica, una inversión financiera sostenida, el fortalecimiento de la ciberseguridad y la superación de resistencias internas.
Elementos como la inteligencia artificial, la analítica de datos, las microcredenciales y los campus inteligentes representan oportunidades para mejorar la docencia, la investigación, la gestión y la sostenibilidad. Sin embargo, las dimensiones del reto hacen imprescindible la cooperación interuniversitaria, donde la labor de CRUE Digitalización se revela como catalizadora y articuladora de iniciativas colaborativas, estandarización tecnológica e interlocución institucional. En definitiva, la madurez digital del SUE solo será alcanzable mediante una visión conjunta, cooperativa y adaptativa, que asuma lo digital como una condición intrínseca —y no diferenciadora— de la universidad contemporánea.
Notas
Foto: © Shutterstock / vittaya pinpan. El archivo se puede consultar aquí